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No habéis podido velar una hora conmigo

Detrás de esta pregunta hay una revelación: el Todopoderoso hecho hombre nos necesita. La humanidad de Dios es tan humana que echa de menos nuestra cercanía. En la hora del amor total, después de haber entregado su cuerpo y su sangre, Jesús siente la angustia de su decisión última. Se dirige al huerto para decirle a su Padre en la intimidad que sólo quiere hacer Su voluntad, en ese momento se juega el todo de Su vida y la validez de Su mensaje. No quiso estar sólo en ese instante y tomando a los más íntimos les suplicó que velaran con Él. Como nunca entonces necesitó de los que en la Cena llamó amigos, pero ellos se durmieron. Él los había elegido para que estuvieran con Él y en el momento de mayor necesidad, el temor y el cansancio pudo más que la amistad.

¿No habéis podido velar una hora conmigo? En medio del dolor del mundo esta pregunta vuelve a resonar en nuestro oído, la humanidad de Dios nos pide cercanía, cercanía a Él y a los que sufren. Cuando una pareja joven recibe a un hijo enfermo, cuando un hombre ve morir a su esposa, ante una enfermedad incurable de un amigo o ante el fracaso de todos los proyectos, solo queda callar y acompañar. Para acompañar no se necesita ser ni muy sabio, ni muy inteligente, ni muy rico. No hacen falta palabras; allí sobran estas cosas; se necesita únicamente olvido de sí mismo para estar cerca con el alma, eso es muy simple. Es necesario no pensar tanto en las penas propias, ni en los propios problemas o proyectos.

A menudo le ofrecemos a Dios nuestro trabajo, pero en la hora del huerto no se trata que trabajemos por él, ni que lo ayudemos a continuar Su obra, eso por cierto es necesario, pero la tarea más importante de los apóstoles y de los cristianos es más honda y misteriosa. Esta pregunta nos quiebra los esquemas y establece una relación que nunca podríamos soñar, Dios nos pide que en la hora suprema de Su dolor y de Su entrega estemos cerca al menos acompañándolo una hora. Dios se pone a nuestra altura, tal vez incluso se pone más bajo que nosotros. Además nos queda el consuelo de que nadie es tan pequeño que no pueda acompañar a Dios, porque acompaña mejor el que es más pobre, el que ha sufrido, el que calla y escucha. No es mejor acompañante quien es más fuerte, sino el que es más humano.

Mientras haya sufrimiento en el mundo, esta pregunta seguirá resonando: ¿desde dónde me pide hoy Jesús que vele con Él? Dios quiera que al caer la noche el Señor no tenga que repetir esta pregunta ¿no habéis podido velar una hora conmigo?

Hermosa reflexión de autor desconocido.